Este fin de semana léete un cuento

VIOLETA
Persigo arañas de madrugada, cuando todo es calma y el silencio se convierte en los ecos del día.
Si alguna vez, he dudado ha sido por mi capacidad casi patética del temor, temor de mí misma, de ese paso de los días, de los años, de la falta de afecto propio.
No hace ni una semana gritaba de dolor cuando fuimos el escándalo público en la avenida del caballo blanco; yo lo perseguía gimiendo su nombre y él corría como si quisiera escapar de un holocausto, hasta que llegó la policía y nos detuvieron a ambos.
Como me arrepiento de no haberle clavado el cuchillo cuando lo tenía enfrente.
Ahora siento esa rabia frustrada que debe sentir la muerte cuando un paciente se recupera de un estado terminal.
Los mosquitos son un fastidio en esta época del año, vienen y van, chupan sangre y les encanta volar cerca de los oídos para que los odien.
Si pudiera convertirme en uno de ellos, iría derechito a la punta de la nariz de algún maldito, de esos que me gustan, de esos que odio cuando me susurran su arrogante estupidez al oído.
Vuelvo al temor cuando los perros ladran, tal vez un gato en el tejado, tal vez un fantasma mal acomodado...
Temo nunca ser amada y comprendida en simultánea...
Casi siempre quien me ama no me comprende y piensa que soy una loca enferma, una violenta inmadura que abre los ojos cuando no se debe y los cierra cuando está frente al espejo.
Mi vecina, le sacó un ojo a su marido por que él le quiso dar una paliza pero después, la muy estúpida imploró perdón. Y el muy tuerto sigue viviendo a su lado.
Yo sería incapaz de sacarle un ojo, tal vez si se me hubiera ocurrido a mí, le hubiera dado un palazo entre las piernas y lo hubiera amarrado a la parte trasera de un camión, para sacarlo a pasear hasta el mismísimo infierno si fuera necesario.
Pero vivir con un tuerto que me recuerde que fui una absurda temerosa, jamás...
Por eso el próximo que se enrede en mi telaraña debe ser más prudente al actuar, complaciente-paciente. Desde que no se le pase por la cabeza decirme loca ó violenta tal vez salga sin tachones ni enmendaduras de un encuentro con mi vida. Temo temor temerosa temeridad temida, teñida del color de mi nombre.

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